Debate:Producir desde la Mujer.
Por: Nadia Poblete, Psicóloga. Área de Estudios y Evaluaciones de Galerna.
Este pequeño escrito busca generar un proceso de discusión al interior de un grupo de trabajo que está compuesto por una mayoría de mujeres, que interviene mayoritariamente con mujeres y que desde ese lugar debe ser producción de reflexión, de conceptualizaciones, de conocimientos ligados a las experiencias concretas y colectivas.
…pero yo soy la mujer que grita/ y no se guarda/ la que recorre la casa encendiendo luces/ la explorada/ la dadora y la avara.
Alejandra Basualto.
Pareciera que desde siempre decir, poner nombre a lo que nos acontece y por lo tanto salir de la anulación, ha generado crítica, intentos de silenciar, ha incomodado, no se ha comprendido y ha sido descalificado.
No puede ser de otra manera, asumir que tenemos una experiencia particular que emerge del darse cuenta de los efectos, de los mecanismos que se instalan en nuestra realidad, provoca una lucha permanente con las creencias que sustentan al modelo patriarcal y que al hablarlo, al nombrarlo, necesariamente genera respuestas reaccionarias.
Por ello, la producción de conocimiento desde la mujer que es conciente de su posicionamiento social y del poder patriarcal que la somete en tanto alteridad produce flujos retrógrados en el poder establecido.
He querido exponer algunos cuestionamiento referidos a la generación de conocimiento y la mujer, a partir de lo leído en el documento “Chile: participación de la mujer en los fondos públicos de financiamiento en investigación científica y tecnológicas y algunas propuestas de intervención” (Rebufel, 2009). Este documento establece claramente que la brecha entre hombres y mujeres en el mundo científico aún es significativa, a pesar de que los datos indican que en pregrado la participación tiende a ser igualitaria, la brecha se comienza a evidenciar en los estudios de post grado y en la postulación y adjudicación de recursos para la investigación post doctoral. Así también se establece, que la participación de la mujer está desigualmente distribuida despendiendo del tipo de disciplina. Como se puede suponer, existe una mayor brecha en las áreas de las ciencias, ingenierías y tecnologías, disminuyendo significativamente en las disciplinas asociadas a la salud, ciencias sociales y mayormente en aquellas relacionadas con la educación. A partir de este planteamiento entonces, se establece como principal labor del Estado el generar distintas estrategias que favorezcan la incorporación de la mujer al mundo académico de manera más equitativa.
Estas aspiraciones no hacen sino avanzar en el camino de un sistema patriarcal que le otorga posibilidades de desarrollo a nosotras las mujeres y en general a las llamadas minorías, pero siempre desde el mismo orden, manteniendo las relaciones de poder y logrando teñir de “progresismo” el accionar siempre despótico del patriarcado. En consecuencia, la participación paritaria es solo una territorialización de demandas molares antiguas del movimiento feminista y que hoy no implican una real transformación.
Postulo que en este momento las demandas no están en pie, porque ya no es su tiempo, más bien, es tiempo de producción, particularmente desde las minorías, desde el ser mujer, “la emancipación de la mujer implica modificaciones en los hábitos de pensamientos”. Lo anterior implica:
- Cuestionar las construcciones de lo femenino y lo masculino, pues ambas concepciones son propias del sistema patriarcal, de la ley, la norma, la institucionalización, de la captación del deseo y de las experiencias primarias de constitución afectiva corporal y psíquica.
- En esta línea, no basta con cambiar el lenguaje, porque si bien es necesario dado que lo simbólico tiene importancia en la producción subjetiva y de cómo ésta se encarna, no basta, podemos cambiar las palabras, los conceptos, pero si esto no va acompañado de acciones concretas que desnaturalicen las creencias, los conceptos y definiciones que sustentan los discursos hegemónicos, solo queda la experiencia lingüística.
- Comprendo que producir un conocimiento feminista y desde las minorías, implica romper con la lógica binaria, falocéntrica creando desde nuestros procesos de singularidad, producción de conocimiento que no se basa en la individualidad sino más bien en la experiencia grupal y como lo señala Käes, desde la experiencia originaria (protofantasía) que se evidencia en el dinámica propia de los grupos. En consecuencia, el conocimiento no es un proceso puramente racional, sino más bien una experiencia y vivencia que a partir de las distintas funciones que cumplen los integrantes de un grupo, de un equipo, genera resonancias que fomentan una nuevas comprensiones de diversos procesos.
- Finalmente, comprender al ser humano, no desde la familia como núcleo central y constitutivo. Concretamente, postulo una comprensión que se aleje del familiarismo que sustenta a gran parte de las perspectivas de las ciencias sociales. Categóricamente, se puede decir que la familia ya no existe, a lo menos aquella avalada por la modernidad. Lejos está la triada edípica, el padre ha caído en la red de los multiplicidad de vínculos que aplastan el triangulo patriarcal. En consecuencia, ¿se pueden sustentar intervenciones transformadoras psicosociales cuyo foco sea la familia?, ¿se puede negar, que cuando pronunciamos la palabra “familia” no estamos pensando en aquella que se articula en la tríada edípica?, las intervenciones sociofamiliares, ¿no se prestan para sustentar una ideología, que hace algún tiempo en las prácticas sociales concretas tiene diversas fisuras? ¿cuándo definimos la relación de una abuela con su nieto como familia, no estamos subordinando ese vínculo particular a la concepción familiarista tradicional?
En definitiva, crear desde otro lugar implica identificar nuevos flujos experienciales, implica cuestionar hasta aquellas perspectivas que en algún momento fueron útiles para comprender los distintos procesos en los cuales estamos involucradas.
